Niños y niñas crearán la historia en vivo de Historias Fantásticas, el espectáculo de improvisación que llega al Teatro Escuela
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¿Qué pasaría si los personajes que imaginan los niños cobraran vida sobre el escenario? Esa es la propuesta de Historias Fantásticas, un espectáculo de improvisación en el que el público infantil crea, con sus dibujos y ocurrencias, el único guión que tendrán los actores durante la función.
Un niño toma un color y dibuja. Lo que trazó en esa hoja se convertirá, minutos después, en el personaje principal de una obra de teatro. Su idea, junto a las de los otros niños y niñas que están dibujando a su lado, será el único guión que los actores de sIMPROpina tendrán el próximo 26 de julio en el Teatro Escuela del Teatro Santander.
Será la presentación de Historias Fantásticas, un espectáculo donde la historia no está escrita de antemano porque la escriben ellos, los niños, con sus dibujos, sus ocurrencias y su imaginación sin filtro.
Todo empieza con un muro enorme construido con cajas de cartón. Parece inamovible. Hasta que la historia comienza, el muro se derrumba y la imaginación toma el control. Cada caja se convierte en pieza de un juego de construcción que, frente a los ojos del público, da vida a mundos que no existían cinco minutos antes.
Antes de la función, cada niño recibe una hoja y un color para dibujar personajes, lugares, objetos o situaciones fantásticas. Todas las ideas van a parar a la Olla Mágica, una caja de cartón que se convierte en el corazón creativo del espectáculo. El anfitrión extrae varias propuestas al azar, y con esos elementos los improvisadores construyen en tiempo real el cuento que se desarrollará en escena. Lo que salga de esa olla ese día, nadie lo sabe todavía.
En escena hay seis personas con roles precisos: un presentador que conversa con los niños y convierte sus ideas en el punto de partida de la historia; cuatro actores que dan vida a héroes, villanos y criaturas fantásticas en tiempo real; y un músico que compone en vivo la banda sonora de cada momento, con el suspenso, la alegría o el misterio que la escena pida.
Detrás de todo esto hay una estructura dramatúrgica inspirada en la Morfología del cuento de Vladimir Propp, el teórico ruso que identificó los patrones narrativos comunes a los grandes cuentos universales. Esa columna vertebral invisible es lo que permite que el caos creativo tenga forma, que cada improvisación conserve una narrativa clara con personajes memorables, conflictos emocionantes y un desenlace que deja algo para conversar.
La propuesta es de Ericsson Gómez, maestro en Creación Escénica con formación en improvisación teatral por la Universidad del Bosque y pionero en el desarrollo de este arte en ciudades como Villavicencio y Bucaramanga. Su metodología combina investigación, pedagogía y creación escénica con un objetivo que excede el entretenimiento: que los niños descubran que sus ideas tienen el poder de transformarse en historia, y que el teatro es un lugar donde eso ocurre de verdad.
Al terminar la función, el anfitrión invita al público a conversar sobre lo que vivieron juntos. La historia que inventaron se convierte entonces en una oportunidad para hablar de amistad, valentía y resolución de conflictos, sin que parezca una clase.




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